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Proponemos a continuación una exploración manual y bucal de otro cuerpo, centrándonos en las zonas comunes de estimulación tanto en un cuerpo masculino como femenino.
Vamos, pues, a comenzar nuestro viaje corporal y lo haremos por la parte superior del cuerpo: el cabello. El estímulo del cuero cabelludo produce un relajación que resulta muy necesaria al comenzar cualquier tipo de contacto con otra persona. Si descendemos frontalmente, podemos aprovechar los nervios parasimpáticos de los párpados, que pueden estimularse con pequeños besos si los ojos de la pareja están cerrados. Un pequeño movimiento lateral y nos encontramos con otras zonas muy sensibles a la estimulación oral: el lóbulo de la oreja, la cavidad del pabellón auricular y la parte posterior de la oreja. Más tarde, cuando nuestro recorrido corporal esté más avanzado y la temperatura corporal sea mayor, podremos incluso regresar a cualquiera de estos puntos, ya que aumentan su sensibilidad durante la excitación sexual.
Y llegamos a una zona más convencional y conocida: la boca. La sensibilidad de los labios aumenta con la excitación haciéndolos muy sensibles al roce de otros labios. La lengua, por otra parte, puede utilizarse para jugar (acariciar, besuquear,...) zonas muy diferentes del cuerpo.
Prosiguiendo nuestro descenso, alcanzamos la nuca, el cuello y los hombros. Se pueden estimular estos puntos, también de especial sensibilidad, tanto con las manos como con la boca, pudiendo provocar auténticos escalofríos de placer en el receptor de estos afectos.
Desde los hombros, un descenso muy sugerente es el área de las axilas y la parte interna del antebrazo. Conviene ser lo suficientemente habilidoso como para estimular manualmente estas zonas sin producir los molestos cosquilleos. Y de aquí, la siguiente parada obligada es sin duda el pecho, que requiere una estimulación diferente si las caricias se dedican a un hombre o a una mujer. En todo caso, siempre son agradecidos los mordisqueos del pezón y los tocamientos en sentido circular.
Del otro lado, en la espalda, encontramos una serie de nervios, a ambos lados de la columna vertebral, muy sensibles al tacto, que pueden acariciarse en sentido ascendente o descendente.
Un descenso lógico nos conduce a la cintura y la cadera. Acariciar de forma suave estas zonas puede ser un preludio interesante antes de sumergirnos en las áreas más íntimas a las que nos aproximamos. Inmersos ya en ellas, conviene detenerse en el perineo, ya que esta zona, comprendida entre los órganos genitales y el ano, es muy sensible a la estimulación manual. Este último, el ano, está dotado de mucha sensibilidad tanto en hombres como en mujeres, por lo que también es recomendable prodigarle las caricias y tocamientos que sean necesarios.
Fuente de información: adultos.biwe.com
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