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Abusos sexuales

El presente trabajo contempla los abusos sexuales a menores desde una perspectiva integradora: factores sociales, psicológicos, educativos y jurídicos deben ser tenidos en cuenta para abordar esta problemática. La consideración del abusador como sujeto de intervención psicológica y educativa es uno de los retos que tenemos que asumir.

CÓMO SE RECUERDAN LOS ABUSOS: EL CASO DE CARMEN

A los 3 ó 4 años, no lo recuerdo muy bien, fue cuando él empezó a tocarme. No tenía la pierna derecha por lo que siempre estaba sentado, me llamó y me dijo que si me sentaba en su pierna me contaría unos cuentos preciosos que había leído en un libro que tenía escondido. Yo que era muy tímida y que no hablaba mucho me acerqué y me senté en su rodilla. Mi abuelo siempre esperó a que mi abuela tuviera que irse al patio o a comprar. El me toco por debajo de las braguitas, yo no supe apartarle la mano de allí y él se aprovechó de mi timidez. A mi prima que tenía la misma edad, también le hacia cosas, pero ella tenía mucho carácter y todo lo decía, y con ella el “juego” le duró poco. Pero yo, que era más cobarde, tímida o imbécil, no lo sé, nunca dije nada. El siempre me decía que yo era muy especial y que lo hacía porque me quería mucho.

Cuando le cortaron la otra pierna, me hacía ponerle la mano por debajo de los pantalones y masturbarlo. Recuerdo que mi abuela siempre se creía que se orinaba encima. Otras veces, me hacía poner la cara entre sus piernas cortadas y él se movía y siempre coincidía mi boca en su pene. A mi me daba mucha vergüenza y él me decía que si se lo decía a alguien o mi abuela se enteraba, se enfadaría mucho conmigo y me pegaría.

Todo esto duró muchos años, también me besaba en la boca. Como yo no sabía nada de sexo, cuando me bajó mi primera regla, pensaba que estaba embarazada. Mi madre se fue de viaje a Lugo y fue cuando peor lo pasé porque me quedé a vivir con ellos y fue horrible.

Cuando yo ya no me acerqué mas a él, porque ya comprendí que aquello no estaba bien, tendría 12 años, empezó con mi prima Silvia que aún no tenía 3 años pero lo pillaron enseguida, le dijeron de todo y mi pobre abuela me preguntaba si conmigo también lo hacía.

Esta es la historia de una mujer que viene a consulta por problemas sexuales y síntomas depresivos, vive en un pueblo de la huerta y forma parte de una familia “normal”. Si embargo como en muchos otros casos ella ha sido víctima de abusos sexuales por su abuelo materno. Nunca ha contado su historia a nadie y desde bien pequeña ha tenido que sufrir en silencio. Las amenazas del abuelo si contaba algo; el miedo a lo mal que lo pasarían su madre y su abuela si se enteraban de lo ocurrido; la preocupación por como reaccionaria su padre y su propia timidez y falta de asertividad convirtieron algunos momentos de su infancia en una pesadilla de la que todavía tiene secuelas.

Este relato sacado de la vida real ha sido escogido porque en el podemos observar muchas de las condiciones que se tienen que dar para que los abusos ocurran:

* Que una persona tenga interés sexual por los menores. (En este caso el abuelo lo tenía)

* Que puede considerar aceptable su conducta o no pueda reprimirla (No reprimía su conducta).

* Que el niño no sea capaz de resistirse al abuso (niña tímida, miedosa)

* Que no haya protección externa (siempre cuando la abuela no estaba en casa)

Como podemos ver no es tan difícil que se puedan dar todas las condiciones, especialmente cuando los abusadores son familiares o conocidos. Sin ánimo de dramatizar la situación, de lo que debe quedar constancia es que el abuso sexual es un fenómeno que ocurre y como profesionales tenemos que estar preparados para afrontarlo.

¿QUÉ ENTENDEMOS POR ABUSO SEXUAL?

Todas las agresiones y actos sexuales realizados con menores de edad y que ellos no comprenden o no tienen capacidad suficiente para consentir, constituyen lo que se denominan abusos sexuales. Estas prácticas se realizan desde una posición de poder o autoridad sobre el niño, mediante halagos, engaños, amenazas o chantaje. Los contactos mantenidos pueden oscilar desde tocamientos a violación, y las personas que los realizan pueden ser desconocidos o familiares.

Los abusos sexuales a menores han permanecido durante años en el más oscuro anonimato, se practican desde muy antiguo, en “La Etiopatología de la Histeria” (Freud, S.,1896) Freud “descubre” experiencias sexuales tempranas de sus pacientes y la relaciona con la histeria: “En todo caso de histeria se ocultan uno o varios sucesos de precoz experiencia sexual, perteneciente a la más temprana infancia. Tengo este resultado como una caput Nili de la Neuropatología. La importancia etiológica de los sucesos sexuales infantiles no aparece limitada al terreno de la histeria, extendiéndose también a la singular neurosis obsesiva e incluso, quizá, a la paranoia crónica y a otras psicosis funcionales”....Cuando se trata de relaciones sexuales entre dos niños el que desempeña el papel agresivo había sido seducido antes por una persona adulta e intentaba repetir con su pareja infantil, bajo la presión de su libido prematuramente despertada y a consecuencia de la obsesión mnémica, aquellas mismas práctica que le habían sido enseñadas.”

Cuando Freud lo presentó en una reunión de la Sociedad de Psiquiatría y Neurología en Viena sus colegas no estaban dispuestos a enturbiar el rosado mundo de la infancia victoriana. Krafft-Ebing, presidente de la reunión y psiquiatra de gran prestigio tachó su trabajo de cuento de hadas científico y algunos meses más tarde ante la incredulidad de sus contemporáneos Freud se retracta “... me vi obligado a reconocer que aquellas escenas de seducción nunca tuvieron lugar, y que eran solamente fantasías que habían elaborado mis pacientes o que yo mismo, quizá, impulsé en sus mentes”.

Aunque no podemos achacar todos los problemas psicológicos de los pacientes de Freud a las vivencias sexuales traumáticas en la infancia. Sin embargo, cuando nos adentramos en la lectura de los casos que describe para justificar su propuesta, los que trabajamos en este campo encontramos una gran similitud con lo que nos cuentan nuestros pacientes víctimas de abusos sexuales. Así, no nos cabe duda que muchos de sus pacientes también los sufrieron. Desgraciadamente la perspicacia freudiana se topo de pleno con los convencionalismos sociales que no estaban dispuestos a aceptar que estos hechos fueran posibles.

Tenemos que esperar al inicio de los años 70 cuando empiezan a reconocerse los abusos sexuales a menores como un problema social que requiere atención. A partir de ese momento comienzan a surgir programas de prevención, tratamiento y encuestas sobre estos temas en países como Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Alemania y Suiza.

La creciente conciencia social sobre este tema ha registrado un aumento significativo de los trabajos de investigación. Sin embargo, la incidencia de casos que no son revelados se estima que es mucho mayor que la de los que salen a la luz. El niño, muchas veces, tiene miedo de contar lo ocurrido, sobre todo si el abusador es una persona cercana a él. Además los procedimientos legales para validar el episodio son difíciles y complejos y eso hace que los adultos desestimen con mucha frecuencia hacer algún tipo de denuncia con lo cual, se sigue escondiendo una realidad que tiene a los menores como tristes y calladas víctimas.

¿QUÉ PODEMOS HACER LOS PROFESIONALES?

En primer lugar, aceptar esta realidad y prestar nuestra ayuda a los niños y familias que sufren por esta causa. Y nuestra responsabilidad no se debe limitar a la intervención con el menor y/o la familia, sino que como profesionales debemos intervenir también con el abusador, con las personas que manifiestan estas conductas. Si los abusos sexuales existen, es por que hay menores víctimas y personas que cometen estos abusos. El acercamiento integrador que nos permita abordar el problema en su globalidad es la única manera eficaz de intervenir.

Desgraciadamente todavía no tenemos todas las respuestas, el tratamiento de los abusadores, especialmente en nuestro país, es uno de los grandes retos de la psicología clínica. Sin embargo existen programas en otros países, como el de la Universidad de Minnesota, que tienen una larga experiencia en este campo que nos pueden servir de referencia. Otra cuestión fundamental es la jurídica, en el programa de Minnesosta que antes citábamos, los abusadores recibían tratamiento por orden judicial, aunque este tema es muy controvertido, y si bien es cierto que algunos abusadores por sus características de personalidad no van a ser susceptibles de tratamiento, muchos otros si se benefician del mismo. En España, todavía tenemos mucho que hacer en este campo y es necesario un esfuerzo interdisciplinar para dar una respuesta responsable e integradora. Como profesionales no podemos olvidar que el abusador también tiene derecho al tratamiento. En un documento de la IATSO (International Association for the Treatment of Sexual Offenders) (Tabla 1), se aboga por la defensa, en todo el mundo, de un tratamiento de los delincuentes sexuales humano, digno, comprensivo, ético y efectivo.

Otra cuestión que nos llama la atención es el escaso conocimiento, poblado muchas veces de mitos y falsas creencias, que sobre los abusos sexuales tienen la mayoría de profesionales que trabajan con niños; cuando estimamos que, para abordar este tema, es fundamental tener un acercamiento equilibrado, con una sólida base en sexología, además de estar entrenado en clínica infantil. El hecho de que los abusos sexuales causen alarma social, hace que se subestime y/o sobrestime su importancia. Así nos podemos encontrar con profesionales que son incapaces de detectar un caso de abusos aunque aparezcan las señales más alarmantes, mientras que para otros se multiplican las sospechas. Ciertamente es más frecuente el primer caso y es que para muchos profesionales, los abusos sexuales todavía no son considerados como uno de los problemas que pueden sufrir los menores (Pareciera que todavía estamos en tiempos de Freud), durante demasiados años el silencio social que se ha impuesto ha ido calando y ha facilitado que estos permanecieran ocultos.

Por otro lado todavía nos seguimos encontrando con profesionales para los que cualquier referencia a lo sexual es sospechosa. Nos hemos encontrado con la triste experiencia de niños que han sido derivados a nuestro servicio por el mero hecho de acostarse desnudos con su padre, o por bañarse juntos. Así pues, es muy importante tener un criterio profesional equilibrado, que trascienda nuestros valores y nuestras costumbres, para poder evaluar adecuadamente todas las posibles hipótesis.

Los indicadores de veracidad (Tabla 2) nos pueden servir de gran ayuda para iniciar el análisis de los hechos, siempre que los utilicemos como una referencia, que tiene que ser bien contrastada con la realidad del niño. Muchos de los niños que nosotros hemos tenido ocasión de tratar han presentado algunos de esos síntomas y sin embargo no han sido víctimas de abusos; mientras que niños que han sido sometidos a tocamientos (manipular sus genitales sin penetración), si estos no van acompañados de agresiones no muestran grandes alteraciones de conducta. Es indudable la utilidad de la relación de indicadores que aparecen en la tabla 2, pero insistimos en la cautela de su uso, especialmente si trabajamos con colectivos marginados. Por ejemplo, en niños con una grave problemática familiar podemos encontrar algunos de estos síntomas. También estos síntomas aparecen en niños víctimas del maltrato.

El maltrato es otro de los grandes males la infancia y los profesionales debemos implicarnos en su detección. Desgraciadamente todavía nos encontramos personas sensibilizadas ante los abusos sexuales que no tienen conciencia de esta problemática. En un reciente curso con alumnos de psicología que se mostraban sensibles ante los abusos sexuales, mostraron su sorpresa cuando se les habló del maltrato físico y psicológico en los niños, llegando a comentar que el tema de los abusos era a su parecer mucho más grave, cuando nosotros hemos comprobado en nuestro servicio que la violencia domestica, las palizas y maltrato psicológico continuo es la peor pesadilla que puede vivir un niño. En nuestro programa de evaluación diagnostica de abusos sexuales contemplamos la detección del maltrato, puesto que entendemos que es responsabilidad de todos los profesionales que trabajamos con niños velar por su seguridad y bienestar, más allá de nuestros particulares objetivos profesionales.

Así pues, ante cualquiera de los síntomas presentados en la tabla 2 es necesario explorar al niño y comprobar a que responden los síntomas que presenta. En el caso de que encontremos indicios de que el niño ha sufrido abusos sexuales tenemos que ser muy cautos en nuestras manifestaciones, y si nos encontramos inseguros porque no tenemos experiencia en el tema, podemos solicitar la colaboración de otros profesionales especializados que puedan hacer una evaluación diagnóstica ya que es muy importante intervenir con precaución para que el niño no sufra de victimación secundaria, especialmente en los casos en los que existe un conflicto familiar más o menos soterrado.

La evaluación diagnóstica de los abusos es una intervención psicológica de gran responsabilidad. Si nuestro criterio es equivocado podemos agravar el conflicto. No son del todo infrecuentes las falsas denuncias, especialmente en los casos en que media un conflicto de separación matrimonial. Desgraciadamente algunos adultos no tienen reparos en utilizar a los hijos como herramientas para sus venganzas personales. Y que su compañero se vea envuelto en un proceso judicial acusado de abusos sexuales, termine o no en la cárcel, puede ser una cruel venganza. Por esta razón, una de las consideraciones que se tiene que hacer siempre que evaluamos un caso es el beneficio que pudiera reportar la denuncia. Sin embargo la conciencia de la responsabilidad de nuestra actuación no nos debe paralizar sino incrementar, si cabe, nuestro celo para que nuestros informes sean lo mas equilibrados posibles. No es bueno vernos como “salvadores” de la infancia y tener sentimientos de venganza hacia los abusadores.

Somos profesionales que debemos abordar el tema en su complejidad contemplando ecuánimemente todos los factores implicados.

El papel de los padres (en los casos en que existen vínculos saludables) es fundamental en la recuperación del menor por lo que es muy importante la orientación que les vamos a dar. En ocasiones es necesaria la atención psicológica de los progenitores, ya que pueden sentirse culpables de no haber protegido suficientemente a su hijo, o les resulta inexplicable que estos hechos puedan suceder, invistiéndolos de una gran carga de dramatismo que dificulta al niño o la niña superar los hechos. Tenemos que orientar a los padres sin alarmar y ayudándoles a entender lo ocurrido y a no sentirse responsables de lo ocurrido.

La mejor manera de evitar los abusos sexuales es a través de una buena comunicación con los hijos y con una adecuada educación sexual. Bien es verdad que cualquier niño puede sufrir abusos sexuales, pero también es cierto, que si existe una buena comunicación con sus padres, el niño podrá contarlo antes. Si además, el niño ha tenido una educación sexual, en la que se contempla y se promueve el respeto a los demás, las habilidades para defenderse de un agresor se van a multiplicar. Contemplar la sexualidad como una comunicación privilegiada con los demás, como una forma de expresar amor, lejos de planteamientos machistas de dominación es sin duda un buen antídoto para evitar la violencia sexual. No debemos olvidar que estas medidas también contribuyen a la prevención de los abusadores. En palabras del Profesor Eli Coleman, fundador de la IATSO (International Association for the Treatment of Sexual Offenders) la ausencia de vínculos familiares positivos aparece en muchos abusadores. Si contribuimos a favorecer ese vínculo y promovemos una educación sexual no sexista que favorezca la empatía, en alguna medida estamos evitando futuros abusos. No es casual que Suecia que desde los años 30 viene desarrollando programas de educación sexual esta en el lugar más bajo de la tabla 3.

QUÉ PODEMOS HACER LOS PROFESIONALES?

En primer lugar, aceptar esta realidad y prestar nuestra ayuda a los niños y familias que sufren por esta causa. Y nuestra responsabilidad no se debe limitar a la intervención con el menor y/o la familia, sino que como profesionales debemos intervenir también con el abusador, con las personas que manifiestan estas conductas. Si los abusos sexuales existen, es por que hay menores víctimas y personas que cometen estos abusos. El acercamiento integrador que nos permita abordar el problema en su globalidad es la única manera eficaz de intervenir.

Desgraciadamente todavía no tenemos todas las respuestas, el tratamiento de los abusadores, especialmente en nuestro país, es uno de los grandes retos de la psicología clínica. Sin embargo existen programas en otros países, como el de la Universidad de Minnesota, que tienen una larga experiencia en este campo que nos pueden servir de referencia. Otra cuestión fundamental es la jurídica, en el programa de Minnesosta que antes citábamos, los abusadores recibían tratamiento por orden judicial, aunque este tema es muy controvertido, y si bien es cierto que algunos abusadores por sus características de personalidad no van a ser susceptibles de tratamiento, muchos otros si se benefician del mismo. En España, todavía tenemos mucho que hacer en este campo y es necesario un esfuerzo interdisciplinar para dar una respuesta responsable e integradora. Como profesionales no podemos olvidar que el abusador también tiene derecho al tratamiento. En un documento de la IATSO (International Association for the Treatment of Sexual Offenders) (Tabla 1), se aboga por la defensa, en todo el mundo, de un tratamiento de los delincuentes sexuales humano, digno, comprensivo, ético y efectivo.

Otra cuestión que nos llama la atención es el escaso conocimiento, poblado muchas veces de mitos y falsas creencias, que sobre los abusos sexuales tienen la mayoría de profesionales que trabajan con niños; cuando estimamos que, para abordar este tema, es fundamental tener un acercamiento equilibrado, con una sólida base en sexología, además de estar entrenado en clínica infantil. El hecho de que los abusos sexuales causen alarma social, hace que se subestime y/o sobrestime su importancia. Así nos podemos encontrar con profesionales que son incapaces de detectar un caso de abusos aunque aparezcan las señales más alarmantes, mientras que para otros se multiplican las sospechas. Ciertamente es más frecuente el primer caso y es que para muchos profesionales, los abusos sexuales todavía no son considerados como uno de los problemas que pueden sufrir los menores (Pareciera que todavía estamos en tiempos de Freud), durante demasiados años el silencio social que se ha impuesto ha ido calando y ha facilitado que estos permanecieran ocultos.

Por otro lado todavía nos seguimos encontrando con profesionales para los que cualquier referencia a lo sexual es sospechosa. Nos hemos encontrado con la triste experiencia de niños que han sido derivados a nuestro servicio por el mero hecho de acostarse desnudos con su padre, o por bañarse juntos. Así pues, es muy importante tener un criterio profesional equilibrado, que trascienda nuestros valores y nuestras costumbres, para poder evaluar adecuadamente todas las posibles hipótesis.

Los indicadores de veracidad (Tabla 2) nos pueden servir de gran ayuda para iniciar el análisis de los hechos, siempre que los utilicemos como una referencia, que tiene que ser bien contrastada con la realidad del niño. Muchos de los niños que nosotros hemos tenido ocasión de tratar han presentado algunos de esos síntomas y sin embargo no han sido víctimas de abusos; mientras que niños que han sido sometidos a tocamientos (manipular sus genitales sin penetración), si estos no van acompañados de agresiones no muestran grandes alteraciones de conducta. Es indudable la utilidad de la relación de indicadores que aparecen en la tabla 2, pero insistimos en la cautela de su uso, especialmente si trabajamos con colectivos marginados. Por ejemplo, en niños con una grave problemática familiar podemos encontrar algunos de estos síntomas. También estos síntomas aparecen en niños víctimas del maltrato.

El maltrato es otro de los grandes males la infancia y los profesionales debemos implicarnos en su detección. Desgraciadamente todavía nos encontramos personas sensibilizadas ante los abusos sexuales que no tienen conciencia de esta problemática. En un reciente curso con alumnos de psicología que se mostraban sensibles ante los abusos sexuales, mostraron su sorpresa cuando se les habló del maltrato físico y psicológico en los niños, llegando a comentar que el tema de los abusos era a su parecer mucho más grave, cuando nosotros hemos comprobado en nuestro servicio que la violencia domestica, las palizas y maltrato psicológico continuo es la peor pesadilla que puede vivir un niño. En nuestro programa de evaluación diagnostica de abusos sexuales contemplamos la detección del maltrato, puesto que entendemos que es responsabilidad de todos los profesionales que trabajamos con niños velar por su seguridad y bienestar, más allá de nuestros particulares objetivos profesionales.

Así pues, ante cualquiera de los síntomas presentados en la tabla 2 es necesario explorar al niño y comprobar a que responden los síntomas que presenta. En el caso de que encontremos indicios de que el niño ha sufrido abusos sexuales tenemos que ser muy cautos en nuestras manifestaciones, y si nos encontramos inseguros porque no tenemos experiencia en el tema, podemos solicitar la colaboración de otros profesionales especializados que puedan hacer una evaluación diagnóstica ya que es muy importante intervenir con precaución para que el niño no sufra de victimación secundaria, especialmente en los casos en los que existe un conflicto familiar más o menos soterrado.

La evaluación diagnóstica de los abusos es una intervención psicológica de gran responsabilidad. Si nuestro criterio es equivocado podemos agravar el conflicto. No son del todo infrecuentes las falsas denuncias, especialmente en los casos en que media un conflicto de separación matrimonial. Desgraciadamente algunos adultos no tienen reparos en utilizar a los hijos como herramientas para sus venganzas personales. Y que su compañero se vea envuelto en un proceso judicial acusado de abusos sexuales, termine o no en la cárcel, puede ser una cruel venganza. Por esta razón, una de las consideraciones que se tiene que hacer siempre que evaluamos un caso es el beneficio que pudiera reportar la denuncia. Sin embargo la conciencia de la responsabilidad de nuestra actuación no nos debe paralizar sino incrementar, si cabe, nuestro celo para que nuestros informes sean lo mas equilibrados posibles. No es bueno vernos como “salvadores” de la infancia y tener sentimientos de venganza hacia los abusadores.

Somos profesionales que debemos abordar el tema en su complejidad contemplando ecuánimemente todos los factores implicados.

El papel de los padres (en los casos en que existen vínculos saludables) es fundamental en la recuperación del menor por lo que es muy importante la orientación que les vamos a dar. En ocasiones es necesaria la atención psicológica de los progenitores, ya que pueden sentirse culpables de no haber protegido suficientemente a su hijo, o les resulta inexplicable que estos hechos puedan suceder, invistiéndolos de una gran carga de dramatismo que dificulta al niño o la niña superar los hechos. Tenemos que orientar a los padres sin alarmar y ayudándoles a entender lo ocurrido y a no sentirse responsables de lo ocurrido.

La mejor manera de evitar los abusos sexuales es a través de una buena comunicación con los hijos y con una adecuada educación sexual. Bien es verdad que cualquier niño puede sufrir abusos sexuales, pero también es cierto, que si existe una buena comunicación con sus padres, el niño podrá contarlo antes. Si además, el niño ha tenido una educación sexual, en la que se contempla y se promueve el respeto a los demás, las habilidades para defenderse de un agresor se van a multiplicar. Contemplar la sexualidad como una comunicación privilegiada con los demás, como una forma de expresar amor, lejos de planteamientos machistas de dominación es sin duda un buen antídoto para evitar la violencia sexual. No debemos olvidar que estas medidas también contribuyen a la prevención de los abusadores. En palabras del Profesor Eli Coleman, fundador de la IATSO (International Association for the Treatment of Sexual Offenders) la ausencia de vínculos familiares positivos aparece en muchos abusadores. Si contribuimos a favorecer ese vínculo y promovemos una educación sexual no sexista que favorezca la empatía, en alguna medida estamos evitando futuros abusos. No es casual que Suecia que desde los años 30 viene desarrollando programas de educación sexual esta en el lugar más bajo de la tabla 3.
Prevalencia de Abusos Sexuales en Población no Clínica
PAÍS
NIÑAS

NIÑOS

Australia

28%

9%

Estados Unidos

27%

16%

España

23%

15%

Canadá

18%

8%

Dinamarca

14%

7%

Finlandia

14%

7%

Suecia

9%

3%


Por otro lado el gran reto que tenemos es informar sin alarmar, actuar como profesionales responsables, alejándonos del tono morboso que desafortunadamente utilizan algunos medios de comunicación. En la tabla 4 aparecen algunas de las recomendaciones que podemos hacer a los padres preocupados por este tema. Nosotros entendemos que cualquier programa de prevención de abusos sexuales debe realizarse en el marco más amplio de la educación sexual y por supuesto contemplando la prevención de los abusadores. Las campañas alarmistas en las que se trata el tema fuera de contexto, en ocasiones no hacen más que confundir y crear una alarma desproporcionada.

LOS ABUSADORES

No todos los agresores tienen el mismo perfil de activación sexual, ni el mismo grado de agresividad. Así, según el grado de violencia con el que se lleva a cabo el delito, diversos autores han clasificado a los agresores en:

a) No violentos. Emplean la persuasión, engaño o presión para someter a la víctima, basándose en su relación de autoridad y poder (adulto, padre, maestro).

Éstos a su vez, se subdividen en otros dos grupos en función de la exclusividad de su preferencia sexual:

- Pedófilos exclusivos: preferencia sexual exclusiva hacia los niños. Estos adultos experimentan satisfacción en contacto con los niños y les son insatisfactorias o rechazan las relaciones sexuales con otros adultos. Aunque se les ha descrito como personas inmaduras, son capaces de adoptar pautas de comportamiento adulto perfectamente adaptadas.

- Pedófilos oportunistas: Mantienen actividad sexual con adultos y en determinadas circunstancias abusan sexualmente de los niños. Manifiestan no tener predilección por los niños, tienden a racionalizar los abusos atribuyéndolos a las circunstancias en que se produjeron. A diferencia de los pedófilos exclusivos, interactúan con los niños como si éstos fueran mayores. La baja autoestima en la esfera sexual, el alcohol y otras drogas, las desavenencias conyugales, el hacinamiento y la vida desordenada son algunas de las circunstancias presentes en este tipo de abusos. Este subgrupo recoge al mayor número de agresores. En nuestro servicio la mayoría de abusadores son personas consideradas “normales” por sus vecinos y familia.

b) Violentos. Los que emplean el asalto o la violencia para someter a las víctimas. Son más responsables de lesiones y muertes. Tienen graves características de personalidad psicopática con antecedentes de conducta antisocial. La motivación para el abuso es sexual y violenta al mismo tiempo. Su patrón de conducta obedece a la búsqueda de sensaciones y a su propia satisfacción. Este grupo es mucho menos numeroso y evidentemente mucho más peligroso que el anterior.

RELACIÓN DE LOS AGRESORES CON LOS NIÑOS

Buena parte de los estudios consultados afirma que la gran mayoría de los agresores conoce a los niños, sólo un 15% de los abusos son realizados por desconocidos de la víctima. Además señalan que buena parte de esos abusos son cometidos en el propio hogar de la víctima por familiares próximos. En nuestro servicio podemos decir que efectivamente la gran mayoría son conocidos por los niños y muchos de ellos miembros de la familia.

La edad de los agresores oscila desde los adolescentes a los ancianos, siendo este último el estereotipo social. La referencia al viejo verde es frecuente, quizá el anciano tiene menos habilidades para mantener oculta su acción y puede que inspire menos temor y por eso recibe mayores acusaciones, sin embargo el anciano no es el prototipo del abusador. En nuestro servicio hemos podido ver a chicos adolescentes y a hombres mayores, pero la mayoría esta en una franja de edad de 20 a 50 años.

¿QUÉ HACEN LOS AGRESORES SEXUALES?

Los niños que son víctimas de abusos sexuales distinguen claramente este tipo de contactos de las caricias afectivas que reciben en otras circunstancias. A pesar de la actitud seductora del agresor, el niño percibe claramente, aunque no entienda muy bien que está pasando, que la situación no es clara. Miradas insinuantes, toques insistentes, secreto, confidencialidad, presión, atenciones desproporcionadas, son algunas de las artimañas que el niño tiene que sortear.

Las conductas sexuales que se dan en los abusos sexuales se pueden clasificar en
a) Directas:

*

Contacto genital o anal entre niño y adulto.

*

Penetración anal, vaginal u oral.

*

Manipulación del cuerpo por debajo y por encima de la cintura.

*

Masturbación.

*

Otros actos de gratificación sexual del adulto: frotterismo, eyaculación sobre el menor, etc.

b) Indirectas:

En nuestro servicio hemos podido observar que las conductas más frecuentes llevadas a cabo con menores son, en el caso de los niños, intentos de penetración anal y prácticas de sexo oral hacia el agresor, seguido de masturbación al agresor y con muy poca incidencia la observación de conductas sexuales o material pornográfico.

En el caso de las niñas, las conductas más comunes son tocamientos en zona vaginal, con menor frecuencia se dan las prácticas de sexo oral al agresor, masturbación e intentos de penetración vaginal. Finalmente y con menor incidencia aparecen intentos de penetración anal, observación de conductas sexuales o material pornográfico y sexo oral hacia la menor. Es muy raro que nos encontremos con conductas donde se ha llevado a cabo penetración vaginal y, cuando esto ocurre, suele ser en menores de más edad (púberes o adolescentes). Suponemos que la penetración vaginal esta condicionada al desarrollo físico de la menor.


Asociación Internacional Para El Tratamiento de los Delincuentes Sexuales (IATSO)

Misión: La Asociación internacional para el tratamiento de los delincuentes sexuales (IATSO) es una organización internacional cuyo cometido es la promoción del tratamiento e investigación de los delincuentes sexuales en todo el mundo.

*
Nos comprometemos a profundizar en el conocimiento sobre la naturaleza de los delitos sexuales y la mejora de los métodos de tratamiento

*
Apoyamos el tratamiento efectivo de los delincuentes sexuales adhiriéndonos a los protocolos internacionales sobre atención y cuidados.

*
Creemos que el tratamiento de los delincuentes sexuales y su investigación, se incrementa mediante la comunicación internacional y el intercambio de ideas, investigaciones y metodología de intervención.

*
Creemos que para reducir la incidencia de delitos sexuales y posterior victimación de víctimas inocentes, el tratamiento de los delincuentes sexuales debería estar ampliamente promovido, disponible y accesible.

*
Creemos que el castigo es una medida disuasoria inadecuada frente a los delitos sexuales y que la recidiva se reduce mediante el tratamiento del delincuente sexual.

*
Creemos que el tratamiento del delincuente sexual es un derecho humano básico.

Nuestros propósitos y objetivos:

*
El patrocinio de un Congreso Internacional bianual sobre Tratamiento de Delincuentes Sexuales para la difusión de las novedades en investigación, metodología de tratamiento y facilitación de educación continua y creación de redes de trabajo.

*
La promoción de congresos regionales y locales sobre tratamiento de delincuentes sexuales.

*
Puesta al día de los protocolos sobre atención y cuidados de la IATSO consistentes con los avances en el conocimiento sobre el tratamiento de los delincuentes sexuales.

*
Defensa en todo el mundo de un tratamiento de los delincuentes sexuales humano, digno, comprensivo, ético y efectivo.

LA PREVENCIÓN DE ABUSOS SEXUALES, RESPONSABILIDAD DE TODOS

Acabar con los abusos sexuales es responsabilidad de todos. Los programas de prevención en el marco de la educación sexual, la sensibilidad social y profesional hacia el tema son necesarios para un abordaje profundo. Conseguir sistemas de detección serios y eficaces que permitan la atención preventiva sobre estos casos son los objetivos que tenemos que promover. No podemos olvidar que son muchos los profesionales involucrados: médicos, enfermeros, profesores, fiscales, jueces, abogados, psicólogos, pedagogos, asistentes sociales. Estas personas por su relación privilegiada con los niños juegan un papel fundamental unos en la detección y prevención de los abusos sexuales y otros, en hacer más llevaderas las consecuencias judiciales que pudieran tener las denuncias. Cada vez existe una mayor preocupación por la victimación secundaría que supone para el niño el proceso judicial. La legislación de medidas que acaben con esa victimación secundaria es una tarea pendiente por la que tenemos que seguir trabajando, además de promover programas de prevención de abusos desde el marco más amplio de la educación sexual y por supuesto contemplando la prevención de los abusadores. Las campañas alarmistas en las que se trata el tema fuera de contexto, en ocasiones no hacen más que confundir y crear una alarma desproporcionada.

Por otro lado el gran reto que tenemos es informar sin alarmar, actuar como profesionales responsables, alejándonos del tono morboso que desafortunadamente utilizan algunos medios de comunicación. En la tabla 4 aparecen algunas de las recomendaciones que podemos hacer a los padres preocupados por este tema.

Los abusos sexuales a los niños se dan en nuestra sociedad, a veces en la propia familia y tenemos que hacerles frente. Pero mucho cuidado con que esto suponga satanizar la sexualidad, como frecuentemente se hace con cualquier excusa. Prevenir contra los abusos no es prevenir contra el disfrute y el placer sexual. La sexualidad no es mala, las prácticas sexuales coercitivas son las negativas. Las agresiones tienen unas circunstancias y unas características precisas como ya hemos comentado y no tiene nada que ver con la satisfacción que nos puede proporcionar acariciar, besar, abrazar a nuestros niños. Los menores necesitan nuestro afecto, nuestro contacto y nosotros el suyo. Sembrar caricias en los niños es una de las mejores maneras de educarlos en la convivencia, en el amor, en la sexualidad.

Como profesionales debemos evitar a toda costa que los casos de abusos sexuales se conviertan en la coartada para crear desconfianza, hostilidad y paranoia hasta el extremo de que los padres no puedan ni acariciar a sus hijos sin temor a verse denunciados. Debemos cuidar que la información que nos llega no se magnifique y la prevención no se convierta en evitación del contacto físico.

El contacto con los niños y la comunicación con ellos incrementa su autoestima y favorece el afecto. A más caricias menos abusos, podría ser el lema de un mundo más habitable para todos los niños y especialmente para las niñas, que son las víctimas más numerosas de este secreto sufrimiento. Este es el mensaje que como profesionales de la salud y la educación debemos transmitir.

El acercamiento a este tema desde la perspectiva integradora que nos ofrece la sexología, contemplando aspectos médicos, psicológicos y sociales, puede servir de gran ayuda para ofrecer respuestas globalizadas a un tema interdisciplinar y complejo como son los abusos sexuales a menores.


NUESTRA EXPERIENCIA EN EL INSTITUTO ESPILL

Nuestra experiencia como entidad privada y como Servicio de Atención Psicológica a Menores Víctimas de Abusos Sexuales concertado con la Consellería de Bienestar Social de la Generalitat Valenciana en este tema, ha hecho que desarrollemos y llevemos a la práctica un proyecto de diagnóstico y tratamiento donde se pueda llevar a cabo la intervención con el menor, de forma que para el niño/a existan las menores consecuencias tanto a corto como a largo plazo, evitando así la victimización secundaria.

Diagnóstico y Valoración sobre la posible ausencia o presencia de abusos sexuales en los menores derivados a nuestro servicio.

El primer reto al que nos enfrentamos como profesional es el de realizar un diagnóstico y establecer unas conclusiones sobre si realmente el niño/a ha sufrido algún tipo de abuso sexual. Para ello, solemos desarrollar nuestro trabajo a lo largo de cinco sesiones aproximadamente (aunque es necesario personalizar en cada uno de los casos).

Es importante para nosotros delimitar la vía a través de la cual el menor llega a nuestro servicio ya que en muchas ocasiones nos encontramos con problemas de custodia o enfrentamientos entre adultos donde lo que se pretende es manipular al menor. Por ello, no siempre nos llegan los casos en los que el niño/a ya ha revelado el abuso, o casos de denuncia sino que en ocasiones la madre pide una valoración para su tranquilidad ante distintas conductas del menor o sospechas sobre un adulto.

Nuestro punto de partida es el planteamiento de diversas hipótesis de trabajo, modificables en función del caso, pero que necesariamente deberían abordar:

1. La posibilidad de que no existan abusos sexuales

2. Que existan abusos sexuales (siendo necesario indicar por parte de quien han podido ocurrir)

3. Que alguien esté manipulando al menor para que nos proporcione información tendenciosa con el objeto de sacar algún beneficio

4. Que el menor mienta o presente alguna patología que favoreciera la invención.

Tenemos que contemplar con extrema prudencia los casos en los que alguien pueda tener un beneficio secundario de la confesión del menor, por ejemplo, cuando hay un conflicto de pareja, en casos de separaciones conflictivas. Esto no quiere decir que en todas estas situaciones los abusos sean falsos. Pero, según nuestra experiencia, es donde se producen el mayor número de sospechas de abusos que luego no tiene fundamento.

Sesiones de Evaluación y Diagnóstico

Nuestro trabajo de diagnóstico y valoración se desarrolla en el mínimo de sesiones necesarias para nuestros objetivos de diagnóstico y valoración de los hechos, ofreciendo al menor y a la familia todo el apoyo psicológico necesario. En todas ellas se realiza la grabación en vídeo de la entrevista con el menor. Para ello, es necesario pedir la autorización a los responsables del menor con el objeto de que esos vídeos no trasciendan salvo en caso de ser exigidos por un Juzgado.

Inicialmente se explica a los padres o responsables del menor, en que consiste nuestro método de trabajo y el objeto con que se realiza cada cosa, se les tranquiliza y se les ofrece la información oportuna sobre nuestra experiencia en casos de menores que sufren abusos sexuales.

El objetivo durante la primera entrevista es simplemente establecer una relación con el menor de forma que se sienta cómodo. En nuestro Instituto estamos desarrollando un protocolo de entrevista en función de:

*

La edad del menor

*

Si el niño/a conoce los motivos por los que está en Nuestro Servicio

Durante esta entrevista intervienen dos terapeutas; Uno de ellos recibe a la/s personas que acompañan al menor con el objeto de recoger información relativa al desarrollo evolutivo y personal del niño, a la historia del abuso, como se han enterado de lo ocurrido y cómo han llegado hasta nosotros. Es muy importante en esta entrevista cerciorarse de que las personas que conviven con el menor están capacitadas para protegerlo y valorar si se encuentra en una situación de riesgo.

El otro terapeuta mantiene al mismo tiempo una charla distendida con el menor, en un ambiente cómodo y confortable encaminado a ganarnos su confianza.

Cuando nuestra entrevista se lleva a cabo con un adolescente se le informa del motivo de nuestra charla: estamos para ayudarle y resolver sus dudas porque tenemos conocimiento de lo que le ha pasado. Habitualmente no se hace una referencia inicial al hecho del abuso ni a nada que tenga relación con el tema, simplemente se valoran aspectos puntuales como las relaciones en el colegio, en la familia, hobbies, ocio,...Esto facilita la relación con el/la joven. Se trata de conseguir que durante la entrevista podamos obtener información de aspectos íntimos del menor sin que este se sienta incómodo para lo cual debemos partir de una esfera social (hobbies, deportes, colegio) posteriormente abordar aspectos personales (relación con los amigos, relación con los padres, aspectos que le preocupan,...) y finalmente centrar la entrevista en temas íntimos en el que el joven/niño nos comente lo sucedido.

La despedida es un momento relevante sobre todo si ha existido revelación del abuso, es importante que antes de despedirnos de nuevo abordemos temas personales y sociales con los que el menor se pueda sentir cómodo.

En las sesiones siguientes el objetivo principal es conseguir la revelación del abuso de forma no dirigida y consiguiendo la mayor parte de información y detalles relevantes sobre el caso. Es importante minimizar el impacto de la revelación y hay que preparar al menor, si el caso lo requiere, para una posible intervención judicial.

En el caso de que el menor nos hubiera contado lo ocurrido, el objetivo de la sesión o sesiones siguientes sería confrontar algunos detalles que nos pudieran servir como indicadores de la fiabilidad de su testimonio. El motivo sería buscar la veracidad del testimonio, la congruencia entre la conducta verbal y no verbal, los efectos manifiestos sobre la relación con el agresor y la correlación con otros detalles de la vida general del niño/joven. Además se dedica un espacio de tiempo para informar y orientar a la familia o a aquellas personas que conviven con el menor, principalmente en lo referente a que actitud tomar ante algunas conductas o comentarios del menor y cual es la postura más adecuada en este momento.

En las siguientes sesiones se pretende confrontar la veracidad de los hechos y el realismo del testimonio del menor, dedicando la mayor parte del tiempo a jugar con el niño y ayudarle a desarrollar estrategias de afrontamiento. También son muy importantes, en esta etapa, las actuaciones encaminadas a normalizar la vida del menor, como la organización escolar, la relación con los compañeros, sus preocupaciones y miedos. Y obviamente evaluar las necesidades básicas del menor: comida, sueño y estado emocional.

Finalmente en la última sesión nuestro objetivo es ofrecer apoyo psicológico al menor. En este caso se trabaja con el fin de restablecer las posibles consecuencias a corto y largo plazo que han podido suponer el abuso. A su vez se pretende mejorar el rendimiento escolar, capacidad de atención y concentración y trabajar en la mejora de su autoestima y el control de ansiedad: estas intervenciones se realizan acordes a las necesidades de cada caso. Cuando sea estrictamente necesario, sin caer en el error de “terapeutizar” al menor se lleva a cabo un tratamiento psicológico a más largo plazo.

Desde nuestra experiencia estimamos que el numero de niños que requieren un tratamiento psicológico prolongado tras haber sufrido abusos sexuales es bastante bajo. En muchas ocasiones es más importante orientar a los padres o cuidadores, que se pueden sentir impotentes, culpables, tristes y enfadados ante lo ocurrido. Estas actitudes negativas pueden llevarles a una visión catastrófica y alarmista sobre las consecuencias del abuso en el menor.

En la mayor parte de las intervenciones en que es necesario un tratamiento posterior o un seguimiento, se intentan derivar los casos a aquellos profesionales que pueden mantener un contacto más directo y durante más tiempo con el menor (por ejemplo cuando los menores estaban en tratamiento antes de acudir a nuestro Instituto se vuelven a remitir a dicho profesional, o bien al psicólogo del Centro escolar, o a psicólogos de los Servicios Municipales o Centros Base).

Cuando los menores manifiestan serias consecuencias a corto plazo se lleva a cabo el tratamiento por parte del mismo equipo de valoración. Cuando se ha llevado a cabo un abuso intrafamiliar, donde el tipo de abuso no excede de tocamientos y el menor desea mantener el vínculo con el agresor, se lleva a cabo un seguimiento del menor por parte de nuestro equipo y el tratamiento del adulto agresor por parte de otro equipo especializado.

Intervención con la familia.

Nos parece relevante la intervención con la familia desde la primera sesión tanto si el abuso es intrafamiliar como si se lleva a cabo fuera del entorno familiar, aspecto este que es necesario tener en cuenta ya que el tipo de intervención es diferente en ambos casos. El primer objetivo debería ser siempre proteger al menor del presunto agresor pero intentando que el niño/a sufran los menores cambios posibles en su entorno inmediato.

Es fundamental cuando el agresor permanece en el domicilio evitar que el abuso se vuelva a repetir. Cuando esto ocurre existe un coste elevado para el menor ya que una vez que ha pedido ayuda para ser protegido no lo hemos podido hacer, con lo cual resultara muy difícil que de nuevo vuelva a comentar lo que le esta sucediendo. Además la presión del agresor hacia el niño para que mantenga el secreto se incrementa. Por ello, desde nuestra experiencia consideramos oportuno que se mantenga al menor protegido de la presencia del presunto agresor. Si el agresor es un primo/a o un hermano/a los padres, en general pueden proteger al menor con éxito.

Sin embargo cuando el agresor es el padre (ponemos este ejemplo ya que es más habitual que el agresor sea el padre que la madre), las cosas se complican, puesto que si no ha habido maltrato físico, ni violencia, y sólo han sido tocamientos, los menores, en la mayoría de los casos no desean romper el vínculo con el abusador.

Y puede ocurrir que:

La madre no sea consentidora y la relación de pareja se desequilibre o rompa, con lo cual el padre suele abandonar el domicilio.

La madre consienta explícita o implícitamente la situación, el consentimiento implícito es lo más habitual. Ante esta actitud de la madre que favorece el desamparo del menor se hace imprescindible tomar medidas cautelares para protegerlo.

En los casos arriba mencionados en los que no ha habido maltrato físico, ni violencia, sólo han sido tocamientos y los menores no desean romper el vínculo con el abusador. Es fundamental valorar si la madre o el padre no agresor es capaz de controlar que en ningún caso el menor y el agresor estén a solas. Si esto no fuera posible es necesario que el agresor salga del domicilio hasta que reciba la ayuda oportuna y se tenga la seguridad de que los hechos no volverán a ocurrir.

Es evidente, que en algunos de estos casos la madre protege correctamente al menor y además desea ayudar a su pareja para que estos hechos no vuelvan a ocurrir y la familia se pueda normalizar.

Es importante transmitir a la familia que es necesario aceptar lo ocurrido e integrarlo para poder normalizar lo antes posible las relaciones familiares.

INTERVENCIÓN CON LOS ABUSADORES

Nuestro trabajo con los menores en el tema de abusos sexuales no estaría completo, si no dedicáramos apoyo y atención a los presuntos agresores sexuales. Por ello, es necesario ofertar la posibilidad de ayuda terapéutica para el agresor en aras ha evitar que los hechos se repitan y proteger a las posibles futuras víctimas

Como ya hemos comentado, nuestro servicio deriva a tratamiento aquellos casos en los que los abusos han consistido en tocamientos, no se ha utilizado la agresividad y además el menor manifiesta su interés en mantener el vínculo con el agresor, de forma que los casos son derivados a un servicio de sexología clínica en atención primaria especializado en dicho tratamiento. En los casos en que existe denuncia, afortunadamente, los jueces son cada vez más proclives en atender las recomendaciones de tratamiento para los agresores.

PROYECTO PILOTO CON JÓVENES AGRESORES

En nuestro servicio se esta desarrollando un proyecto piloto con jóvenes agresores. La inclusión en el proceso terapeutico es voluntaria. El procedimiento consiste en una terapia de grupo donde se abordan las causas por las que han llegado a abusar y/o a agredir, estrategias de afrontamiento, control de impulsos, reestructuración cognitiva, habilidades en resolución de problemas, habilidades sociales. Esta terapia se Complementa con un programa de educación sexual basado en el respeto a los derechos sexuales, la sexualidad como vehículo de comunicación privilegiada, el conocimientos de la sexualidad masculina y femenina, etc.. Es requisito imprescindible para entrar en el grupo que en la entrevista individual hayan sido capaces de comentar lo sucedido y aceptar su responsabilidad en lo ocurrido. En algunos casos hemos encontrado útil integrar en el proceso psicoterapeutico el uso fármacos para mejorar el control de impulsos y favorecer la expresión de emociones. Se contempla que los menores además de la terapia de grupo puedan tener apoyo psicológico individual.

Podemos concluir que todavía tenemos mucho que aprender de la intervención en los abusos sexuales a menores, pero el tratamiento de los agresores es, sin duda el gran reto, y tarea imprescindible si queremos proteger a los menores.

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Menopausia

¿De veras cree usted que es menos mujer?
¿Cree que está pasando a un segundo plano?
¿Debe ahora dedicarse sólo a cuidar nietos?

DE NINGUNA MANERA.

Imagine por un momento, a una persona que durante varios años se dedicó a apoyar el crecimiento de sus hijos y a consolidar su carrera profesional, y que ahora, en plena madurez, se encuentra con una demanda menor de tareas, con más tiempo para disfrutar de sus intereses y abrir nuevos campos que enriquezcan su desarrollo intelectual. ¡Fabuloso!, ¿no cree?

Sin embargo, nuestra cultura tradicionalmente no ha sido amable con las mujeres al llegar a la edad madura. Se nos recuerda que:
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Un beso pone en movimiento 29 músculos (12 de los labios y 17 de la lengua). Las pulsaciones cardíacas pasan de 70 a 140 por minuto. Además, un beso quema de 3 a 12 calorías, dependiendo de la intensidad.


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Enfermedades de Transmision Sexual

Las enfermedades transmitidas sexualmente (para abreviar las llamamos ETS) son serias, algunas veces dolorosas y pueden causar mucho daño. Algunas pueden infectar los órganos sexuales y reproductores.

Otras (VIH, hepatitis B, sífilis) causan infecciones generales en el cuerpo. A las ETS antes se las llamaba enfermedades venéreas.

La mayoría de las ETS se pueden curar con tratamiento. Es posible tener una de estas enfermedades aunque no se presente ningún síntoma. En otras ocasiones, los síntomas pueden desaparecer por sí mismos, pero la enfermedad no se cura si no se recibe tratamiento. Algunas de estas enfermedades no se pueden curar aún (SIDA).


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Trastorno del Deseo Sexual

Consiste en la disminución o ausencia persistente o recurrente de fantasías y deseo de actividad sexual, con angustia o dificultades interpersonales como consecuencia.

El trastorno del deseo sexual inhibido o hipoactivo puede ser de toda la vida o adquirido, o bien generalizado (global) o bien situacional (específico con cierta pareja). Se da en el 20% de las mujeres y el 10% de los hombres.


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Anticonceptivos, metodos anticonceptivos

Su efectividad puede disminuir por pastillas olvidadas, uso de antibióticos y anticonvulsivantes. Las pastillas con sólo progesterona tienen una tasa de fracaso más alta y se usan principalmente en fumadoras, mayores de 35 años, mujeres lactando y mujeres con intolerancia o contraindicación al uso de estrógenos.
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